1949 no era un año particularmente propicio para lanzar una sección cultural. Por las cuotas de papel de la época, LA GACETA tenía solo cuatro páginas. Pero mi padre, en ese entonces un periodista de 22 años que se había instalado recientemente en Tucumán, insistió con su idea y así nació, un 28 de agosto, LA GACETA Literaria.

2026 tampoco es un año fácil para lanzar un libro. No por un soporte que va a contramano de los consumos del ecosistema digital sino por lo que este último ha generado en nuestros cerebros. Nos cuesta concentrarnos, detenernos y mantener el ritmo que requiere la lectura. Por eso es importante proponer una pausa como esta y mirar para atrás. Los textos de esta antología, finalmente, nos ayudan a pensarnos a nosotros mismos y valorar lo que estamos perdiendo.

“¿Las máquinas nos dominarán?”, se preguntaba en 1950, en un artículo en LA GACETA Literaria, Víctor Massuh, protagonista de esa etapa fundacional junto a Ernesto Sabato, Silvina Ocampo, Juan José Hernández, Vicente Barbieri o Tomás Eloy Martínez, el más joven de todos, que publicó sus primeros textos a los 16 años.

Después de la etapa fundacional vendría un período en el que se agregaría un enorme grupo de destacados representantes de las más diversas artes y disciplinas de nuestra provincia, de nuestro país e, incluso, de distintos países mundo (Augusto Roa Bastos, Rafael Alberti, María Teresa León, Yannis Ritsos, Carmen da Silva, Wolfgang Luchting y Lajos Szalay, entre otros). Jorge B. Rivera describe claramente ese proceso y las características que fue adquiriendo LGL en su libro El periodismo cultural (Paidós, 1995): “El crecimiento de la página permitió la inserción orgánica de escritores e intelectuales de la región como Julio Ardiles Gray, María Eugenia Valentié, David Lagmanovich, Hugo Foguet, pero también una abundante presencia de extrarregionales, que reúne entre 1956 y 1961 sobre todo a escritores jóvenes… Se puede afirmar que la muestra que ofrece La Gaceta es abarcativa de ideologías, estéticas y tendencias de mediados de los ’50. Está presente, por ejemplo, el ‘’grupo” de Poesía Buenos Aires (Raúl Gustavo Aguirre, Rodolfo Alonso, Ramiro de Casasbellas), pero también el de la revista Contorno (Ismael y David Viñas, Noé Jitrik), de Letra y línea (Julio Llinás) y otras figuras de circulación más variada, como Alejandra Pizarnik, Ernesto Schoo, María Elena Walsh y César Fernández Moreno… Figuras características de Sur y La Nación, como Alberto Girri, Elizabeth Azcona Cranwell, H. A. Murena y otros, tienen una presencia igualmente regular en la página cultural del diario tucumano, lo que establece una suerte de equilibrio entre ambos universos… La zona crítica y ensayística ofrece una agenda equilibrada de temas ‘nuevos’ y ‘clásicos’, aunque tal vez uno de los rasgos modernizadores del suplemento resida, en algunos casos, en la infiltración de nuevas concepciones teóricas”.

La diversidad ideológica, estética y disciplinaria; la multiplicidad de los ángulos de enfoque; la combinación de lo clásico y lo moderno; la discusión abierta; el análisis crítico. Todos estos fueron sellos distintivos de LGL a lo largo del tiempo. En 1959 el diario La Nación señalaba que en estas columnas “fue posible armonizar, aunque a veces se llegara al adjetivo polémico, una actitud de dos o tres generaciones argentinas que domingo a domingo buceaban en ideas, conceptos artísticos y renovaciones líricas a través de artículos firmados por hombres que han hecho un culto del arte en el país”. En esa nota también se resaltaba el “espíritu parricida” que alimentaba a muchos de los jóvenes colaboradores. Eso dio lugar a duelos memorables, como el de Manuel Mujica Lainez y Ricardo Casterán o, más tarde, los de Eduardo Dessein vs. Enrique Anderson Imbert y Samuel Schkolnik vs. Néstor Braunstein.

La consolidación

A principios de los 70, LA GACETA Literaria duplicó nuevamente su extensión y a fines de esa década alcanzó las cuatro páginas que tiene actualmente. Las incorporaciones no cesaron. Se sumaron historiadores, politólogos y juristas con posiciones e ideas diferentes. Félix Luna, Ezequiel Martínez Estrada, Arturo Ponsati, Arturo Jauretche, Salvador María Lozada, Roberto Cortés Conde y Carlos Floria fueron algunos de ellos. En este amplio conjunto también hubo filósofos como Eugenio Pucciarelli, Vicente Fattone, Ezequiel de Olaso, León Rozitchner, Roberto Rojo, Roger Labrousse, Jorge Saltor o Santiago Kovadloff. De allí surgió una vasta producción ensayística que se combinó con los textos de poetas, novelistas y cuentistas como Juan L. Ortiz, Enrique Molina, Manuel J. Castilla, Carlos Mastronardi, Ricardo Molinari, Jaime Dávalos, Raúl Galán, Olga Orozco, Sara Gallardo, Horacio Armani, Atahualpa Yupanqui, María Esther de Miguel, Ivo Marrochi. El aporte de críticos como Homero Alsina Thevenet, Rodolfo Modern, Alba Omil, Eugenia Flores de Molinillo, Carmen Perilli, Coriolano Fernández, Beatriz Parolo y Federico Peltzer fue otro pilar fundamental de LGL. Todos estos colaboradores se dieron cita en estas columnas semana tras semana. Algunos ya consagrados, otras jóvenes promesas que ignoraban lo que el destino les reservaba. Creaban y debatían acaloradamente. También participaban prestigiosos artistas plásticos como Líbero Badíi, Aldo Sessa, Kasuya Sakai, José Nieto Palacios, Aurelio Salas, Luis Seoane, Leopoldo Novoa, Juan Lanosa, Joaquín Linares, Fued Amín y Gerardo Vallejo, que ilustraban los textos. Más cerca en el tiempo se sumarían Rómulo Maccio, Rogelio Polesello, Isaías Nougués, Luis de Bairos Moura, Donato Grima y Roberto Koch.

También hubo periodistas en este emprendimiento. La redacción de LA GACETA fue, y sigue siendo, una gran cantera para estas páginas: Joaquín Morales Solá, Arturo Álvarez Sosa, Hugo Solarz, Nora Lía Jabif, Ángel Anaya, Juan Carlos Di Lullo, Roberto Espinosa, Carlos Abrehu.

Desde 1977, Carlos Páez de la Torre (h) secundó a Daniel Alberto Dessein en el armado del suplemento. Ya en 1999 impulsaba una compilación como esta. “Con la colección del suplemento literario puede hacerse una historia de medio siglo de la cultura argentina: desde sus páginas se divisa cómo irrumpen -y se alejan- todas las “olas” y los “ismos”, cómo ascienden y declinan estrellas, cómo se tejió y destejió sobre temas que fueron apasionantes y hoy parecen extraños y olvidados” escribía en LA GACETA.

El mismo espíritu

El nuevo siglo trajo nuevos nombres: Juan José Sebreli, Juan Martini, Alicia Dujovne Ortiz, Guillermo Martínez, Nora E. Azubel, Patricia Kreibohm, Paula Varsavsky, María Eugenia Bestani, Juan Tríbulo, Alejandro Duchini, Hernán Carbonel, Flavio Mogetta y Liliana Massara, entre muchos otros. Entre los periodistas de LA GACETA, Miguel Velárdez, Gustavo Martinelli, Juan Manuel Montero, Federico Abel, Federico Türpe, Guillermo Monti. Y colaboradores como Alberto Calliera. A mediados de la primera década, Alvaro Aurane tomaría el lugar que ocupaba Páez de la Torre (h), tanto en el armado como con la colaboración de artículos y críticas que continúan hasta hoy. Las secretarias, durante décadas Elvira de Zavalía y María Santillán en las últimas dos, fueron las encargadas de buena parte de la coordinación que se da “detrás de escena” y que resulta clave para que las cosas funcionen.

El nuevo siglo también vino acompañado de un terremoto sin precedentes en nuestro país. La catástrofe nos llevó a convocar a nuestros intelectuales e instarlos a pensar el país, a indagar las causas que nos habían llevado al pozo en el que estábamos y a encontrar los caminos para salir de él. Así se desarrollaron las “Reflexiones sobre la crisis” y su retoño, Reinventar la Argentina (Sudamericana, 2003), “un libro de lectura obligatoria para los argentinos”, según afirmaba el periodista y escritor brasileño Sérgio Augusto en O Estado de Sao Paulo.  En el ciclo y en el libro participaron muchos de los viejos colaboradores de LGL y algunos nuevos, como Tulio Halperin Donghi, Eduardo van der Kooy, Nelson Castro, David Rock o Néstor García Canclini.

La mayor parte de las nóminas son inevitablemente incompletas e injustas. Las que aquí consignamos constituyen una pequeña muestra de los cientos de colaboradores que hicieron posible LA GACETA Literaria, todos ellos ladrillos fundamentales de esta obra.

Las más distintas disciplinas aparecen aquí representadas por algunos de sus mayores exponentes: la filosofía, el psicoanálisis, el cine, la crítica literaria, la música, las artes plásticas, la sociología, el análisis político, la arquitectura, el periodismo, el humor, la ciencia. Aparecen en estas páginas ciertas obsesiones que se transformaron en libros. Lola Mora o San Martín, por ejemplo, en Páez de la Torre (h) y García Hamilton. Y escritores recorriendo facetas de autores estimados o admirados. Fernández Díaz con Schoo y este con Gabo. Tizón, Manucho y Villoro con Calvino, Ocampo y Fuentes. Sarlo, Morales Solá y Kodama con Borges. Hay varios hallazgos. El primer cuento de Tomás Eloy Martínez, un poema juvenil de Alejandra Pizarnik y uno de los últimos textos que escribió, unas de las últimas entrevistas a Umberto Eco y a Anita Ekberg, reflexiones de los premios Nobel Elytis, Ishiguro y Vargas Llosa, una María Elena Walsh veinteañera escribiendo sobre la seriedad de los niños.

Hay contrapuntos y coincidencias. Temas de ayer y de hoy. El autoritarismo y las palabras, el sentido de la vida, el misterio de la Argentina, los nuevos liderazgos, la posverdad y el mundo digital, la pandemia, la velocidad y la quietud.

En los comienzos y en lo que seguimos haciendo cada domingo, buscamos acercarnos amigablemente al lector, invitarlo a sumergirse en la aventura de la lectura, orientarlo frente a las múltiples alternativas que se le ofrecen, brindarle un espacio en el que pueda contextualizar y jerarquizar la catarata de datos que vertiginosamente inundan su vida. De esta manera enfrentamos juntos los desafíos del presente y del futuro, reformulamos las grandes preguntas de siempre y tratamos de encontrar esos relatos que ayudan a comprender la realidad y a nosotros mismos.

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